Hora punta en Tokyo

Hoy hablo de los metros y trenes en hora punta.

Este fenómeno se da prontito por la mañana, entre las 7 y las 8 de la mañana. También se puede dar por la noche, a eso de las 10 y 11, según en qué casos y en qué líneas, pero siempre en menor grado.

Bien, para entender esta entrada por completo, uno básicamente debe haber vivido esta experiencia en este país, de lo contrario, es complicado crearse una imagen completa de lo que a continuación voy a explicar. Procedo.

Los metros y trenes en hora punta en Japón son unos vehículos que transportan una masa humana de un punto, llamémoslo A, a un destino B. Y hablo de masa humana, porque ahí dentro no se distinguen seres humanos. Puedes diferenciar cabezas, extremidades, manos, bolsos, corbatas, pero jamás sabrás a quién pertenecen. Es más, a efectos prácticos, esa masa funciona como un todo. He llegado a sonreir para mis adentros en ocasiones al ver collages de personas en los metros. Cabeza de mujer, torso de business man en traje, brazo de niño, falda de mujer. Pero esto es otra historia que no viene al caso ni interesa a nadie.

Cuando te encuentras en el andén, uno ya puede sentir en la atmósfera la que se va a avecinar. La expresión de las personas denotan que la “competición” está a punto de empezar, y sólo los valientes y bravos encontrarán el éxito.

Aquí, en el andén del metro se hace cola (otro factor educativo que deberíamos aprender muchos). Una superpoblación como la que habita en Japón necesita de este nivel organizativo. Se necesita orden. Aquí no vale de nada el “ser el más listo de la fila” nunca mejor dicho. (Foto cortesía de Un gato Nipón)

Tengo la suerte de que mi parada no es una de las gordas, ni mucho menos, por lo que suele haber aproximadamente unas 4 o 5 personas en la fila, por cada puerta que tiene el tren. Suena la señal de que el tren está apunto de llegar, y la gente empieza a prepararse. Agarran sus maletas, sus bolsas sus pertenencias, e incluso a  sus hijos, y se preparan.

Aparece el tren, y la primera imagen es, cuanto menos, acojonante. Con el tren en frente de ti, y con las puertas aún por abrir, puedes observar caras literalmente pegadas como ventosas en las ventanas. Hace frío, y las ventanas están empañadas, creando un efecto aún más terrorífico. Si las personas que se encuentran encima llevan máscaras que cubren sus bocas (algo típico aquí), la imagen provoca aún más pavor.

El efecto olla exprés es crítico. Tan crítico, que al abrirse las puertas del tren, hay personas que salen expulsadas, y no precisamente por decisión propia. Simplemente, salen expulsados por la presión que existe ahí dentro.

Aquí viene una de las grandes incógnitas de este fenómeno. ¿Cómo coño entras ahí, si ahí no cabe ni un pedo?

Pero antes de abordar esta cuestión, abordaré la otra que todos os preguntaréis. ¿Cómo sale el que está dentro si esa parada es la suya?

Según la parada, tienen el andén en un lado, o en otro. Esto quiere decir que en ciertas paradas, el andén se encuentra a la derecha del tren, quedando las puertas de la izquierda cerradas. En la siguiente parada puede que ocurra lo contrario. Y luego tienes las paradas “comodín” que son las que tienen conexión con otras líneas donde la gente hace transbordo. Estas, generalmente, suelen tener andén por los dos lados, por lo que no hay problema. Ambas puertas se abrirán.

Pero….¿y si te montas en un tren, ya lleno hasta la bandera, por el lado izquierdo, y tu destino tiene el andén en el lado opuesto? Bien, pues lo primero que tienes que hacer es encomendarte a cualquier divinidad. Lo siguiente, atarte bien los zapatos, zapatillas, o lo que sea (esto es importante, a mi se me desató una zapatilla y pensé que iba a ser el fin). Cuando llega tu parada, fija tus ojos en la puerta opuesta, y dirígete como puedas. Intenta ir en línea recta, aunque te bloqueen cinco espaldas. Discúlpate cien veces mientras realizas esta acción, y con suerte, encontrarás el espacio para llegar a la puerta.

Corres el riesgo de haber fallado en tu empresa. No te estreses, esto, al parecer, pasa con cierta frecuencia. He hablado con gente nativa sobre el tema, y todos me han comentado que, efectivamente, ha habido ocasiones en que no han podido salir en su parada de destino, y se han tenido que bajar en la siguiente, o incluso en la siguiente, y volver para atrás. Aquí llegar tarde al curro o citas por culpa del tren se da con bastante asiduidad.

Volviendo a la primera pregunta “¿Cómo coño entras ahí, si ahí no cabe ni un pedo?”. Cuando el tren arriba, evidentemente salen personas. Hay que rezar también porque salgan al menos un número parecido de personas de las que quieren entrar al vehículo. Sino….ya sabes lo que te toca: esperar al siguiente, y volver a rezar para que el siguiente no se encuentre tan petado como el anterior.

Bien, pues uno entra. Primero pones el pie derecho (o izquierdo, el que más rabia te de) en algún trocito de suelo “no ocupado” que pueda existir dentro del vagón. Si consigues encontrar ese pequeño espacio,enhorabuena, podríamos decir que “ya estás dentro”, aunque las reglas físicas nos digan lo contrario. Tienes un pie dentro, y eso ya vale!

El siguiente paso que se ha de hacer requiere de una técnica especial, y haberla observado en más de una ocasión. Si se tercia, puedes practicarla incluso en tu casa, bajo el quicio de la puerta. La técnica consiste en entrar al vagón de culo. Ir dando pasitos hacia atrás, y, agarrando el travesaño superior con tus manos, haces palanca, metiendo culo para atrás. Es una técnica oficial y reglamentaria, y para nada “sucia”. Digamos que está dentro del manual. En el siguiente vídeo, se puede ver un poco la técnica que os hablo. Minuto 1:30 (Aunque el vagón que se ve no está muy lleno, apenas hacen fuerza. A mi me han salido callos de un viaje de estos).

Llevo 2 semanitas en este país, y he tenido que hacer uso de esta técnica un par de veces. Voy a una por semana. Pero guardo en mi memoria la segunda vez que la utilicé.

8 de la mañana, y llegué con la hora ganándome la partida. Llegué corriendo al andén después de los tornos, y me encontré con el tren en estas condiciones que os he comentado. Tenía que coger aquel tren como fuera, o llegaría tarde a mi destino. Llegué a las puertas, me agarré al travesaño, giré sutilmente mi cuerpo, y metí culo usando la técnica que acabamos de aprender. Al cabo de unos segundos, y ante mi asombro, pude hacerme hueco dentro de aquella masa. La masa se resistió al principio, pero acabó cediendo ante mis intentos. “Genial, perfecto, he conseguido meterme en un lugar donde era imposible que cupiera”. Prueba superada. Aquí no cabe ni Peter. Mi mano en el travesaño se entumece debido a la fuerza que debo hacer para no salir expulsado, pero ya nada me importa. Estoy dentro. Mi rostro era un rostro de victoria, de logro, de hazaña completada. Es más, ya puedo oir la señal de que las puertas se van a cerrar, y la luz roja que hay encima de la puerta empieza a parpadear.” Guay!”, que se cierren ya, y marchamos.

Pero…….con el minuto sobre la hora, veo una silueta en el andén de apenas un metro y medio, con bastón, dirigiéndose con movimientos poco ágiles hacia mi dirección. “No. No. En serio, no. No será capaz. No.

Pero, fue un Sí. La abuela, muy parecida al maestro Yoda, tenía la intención de entrar por sus santos ovarios. Yo pensé para mis adentros, que aquello era imposible. Yo conseguí hacerme hueco de la nada, utilizando la fuerza bruta, y un poco de ingenio y picaresca. Aquella mujer, de más de 70 años no poseía ninguna de aquellas cualidades.

Pero disponía de 2 cualidades que yo había ignorado, y que incluso desconocía.

La primera, la de un bastón, y la segunda,  la impresionante habilidad de cambiar de forma. Una elasticidad que me hizo pensar seriamente si aquello era realmente un ser humano.

Llegó hacia mí, con su bastón por delante, y se metió entre mi, y tres personas que tenía al lado haciendo uso del báculo. Recuerdo que se incrustó entre las caderas del tipo de al lado, mi rodilla, y la pierna del otro. Pude notar que se iba haciendo hueco poco a poco, moldeando su cuerpo paulatinamente, haciéndose paso lentamente pero sin pausa hacia el interior del vagón.  Finalmente desapareció su silueta por debajo de mi codo.

He de apuntar que no noté nada. Ni siquiera presión. Sus movimientos fueron tan sutiles, que apenas sentí que un ser de 1,50 metros de altura adentraba por un lugar donde apenas cabía el aire. Me recordó a los glóbulos blancos de “Érase una vez la vida“, cuando se metían entre las células, estrangulando su nave, y haciéndola cambiar de forma para poder entrar (adjunto foto gráfica)

Aquella abuela japonesa me dejó pensativo y sin habla. Me cambió la expresión. Me planteé miles de incógnitas, sin respuesta todas ellas. No sé a qué había venido aquella abuela. Pudo haber sido una espía norcororeana, o una terrorista. Podría haber sido una artísta del circo del Sol retirada, o símplemente, una persona muy mayor que, como los elefantes, había llegado a aquel vagón a morir. El caso es que jamás volví a verla. Simplemente, desapareció.

Tras el momento abuela, llegó el currela que se encarga de que todo esté en orden, pasó por delante de mi puerta, vio que todo estaba OK, y dio su visto bueno. Hay muchas ocasiones en que maletines y bolsas , y por qué no decirlo, extremidades de pasajeros se quedan fuera de las puertas. Éste simpático señor ayuda, ejerciendo un poco de más presión si cabe, a que esa bolsa quepe cueste lo que cueste. No es la primera vez que he visto a una señora montada en el metro viajar con mitad de su bolsa viajando en el exterior.

Una vez dentro, las cosas son simples.

Según entras, así te quedas. Me refiero a que, si por ejemplo, te da por entrar con una mano en el bolsillo, que sepas que esa mano no va a salir de ahí en todo el trayecto, como mínimo hasta la siguiente parada. Si estás sujetando el travesaño de arriba, que sepas que esa mano no la vas a poder bajar de ahí. Si has entrado medio ladeado, y apoyándote sobre el hombro de algún ejecutivo, ese señor va a estar soportando tu peso durante todo el trayecto. Eso…………es asín.

La situación recuerda en parte a la explicación de las enfermedades que padece el señor Burns (véase vídeo).

Son tantas las personas que hay ahí que no hay lugar para moverse. Incluso en varios momentos, uno tiene la sensación de que ahí falta el aire, y como alguien esté suelto de la tripa, puede acabar con cienes de personas.

Sólo hay un momento en el que el tren te da unas centésimas de segundo para poder recolocarte. Cuando el tren acelera, los cuerpos se inclinan todos debido a la fuerza ejercida. Debido a la inclinación de unos 80, 75 grados con respecto al suelo, muchos pies se mueven para conservar cierto equilibro. Es el momento en que tu capacidad de sentir cosas que no ves entra en acción. Mueve tus pies allá donde creas que se ha dejado un espacio libre. Siéntelo, pues mirar hacia abajo es inutil. No verás nada.

Intenta jugar tus bazas, y sobre todo, respirar, hasta que el metro, o tren, llegue al destino deseado. Intenta que tus constantes vitales no bajen hasta los mínimos, o posiblemente perecerás en el intento.

En definitiva, viajar en hora punta en Tokyo no es apto para todo el mundo. Y si te levantas con el pie contrario, o de mal humor, tómatelo todo con filosofía, pues es posible que te arruine el día desde el minuto cero.

Nota: nadie, y digo NADIE, se queja por posibles pisotones, empujones, o codazo. La gente como mucho pondrá cara de estar hasta las pelotas, pero jamás oirás a nadie quejándose, y eso que la situación, es crítica crítica de cojones. Es más, se respira silencio. Cientos de personas compactadas, en silencio.

Nota 2: aunque parezca una exageración esta entrada, os puedo asegurar que no lo es. Al menos, así lo he vivido yo. Ayer de hecho nevó en Tokyo, y hubo una línea que sufrió una avería, haciendo que las demás estuvieran llenitas hasta la bandera. Pude enfrentarme a esta situación y verla cara a cara.

Nota 3: nada de lo aquí comentado es mínimamente comparable con el metro de Madrid en hora punta. Cuando allí se dice que está lleno, es porque no te puedes sentar, y tienes que quedarte de pie, y como mucho, estar dándole la espalda a un par. Lo que ocurre por aquí…..es símplemente un fenómeno aparte. Difícilmente entendible a no ser que lo hayas vivido. Es más, el metro “lleno” en Madrid, no llega siquiera a ser el metro en estado “normal” aquí en Tokyo.

Espero que no os haya aburrido demasiado, pues me he pasado escribiendo. Pero esto había que contarlo con detalles.

Pasad buen Sábado.

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13 Responses to “Hora punta en Tokyo”


  1. 1 Mowgli enero 21, 2012 en 11:10 am

    POIOIO! Ten cuidado no acabes siendo un pollo asado! Muy buena descripción, muyayo!

  2. 2 El Keta enero 21, 2012 en 12:35 pm

    Intrépidas aventuras del pollo en Japón !!! Me encanta tio, esta cojonudo el blog !!! (P.D: que canteo lo del metro !!! tuviste que flipar con la abuela !!! :D)

  3. 3 majose enero 22, 2012 en 9:14 am

    Buenísimooooooo!!!!!!!!!!
    Si sigues así, te harán ministro de Exteriores en cuanto se enteren los japos de tu blog.

  4. 4 One-Two enero 22, 2012 en 11:45 pm

    Jejeje… Gran descripción bro!!

  5. 5 myrianadas enero 23, 2012 en 4:04 pm

    Enormeeeeee primits!! Me ha encantado!

  6. 7 Rulo Alonso (@ruloalonso11) enero 24, 2012 en 11:16 am

    Odio las multitudes/masas… creo que no podría soportar eso día tras día!

    • 8 pollos2 enero 24, 2012 en 11:21 am

      Bueno, he de apuntar que, gracias a Alá no ocurre todos los días, pero sí, sí que pasa. Y sí, creo que hay que estar muy hecho a esto. Es irritable. Yo me lo tomo (por el momento) con humor.

  7. 9 Pedazo de Gor enero 24, 2012 en 1:03 pm

    Sé de lo que hablas, lo conozco, y no podría estar mejor explicado. Añadiría el inconveniente de la baja altura de las barras para aquellos que superamos el 1,80…

    Por cierto, arribar es con b… ¿y la primera foto no es de China? Lo digo porque pone Tianjin, que buscando en google me sale como una ciudad china. No recuerdo un tren tan viejo en el imperio del sol naciente

    • 10 pollos2 enero 24, 2012 en 1:10 pm

      Me costó encontrar una foto que plasmara lo que quería expresar en Internet. Lamentablemente no dispongo de una propia. Y sí, la foto era de China del año de Fumanchú. Quería publicar la historieta cuanto antes y no opté finalmente por esa. Ya la he cambiado, aunque la he tenido que pedir prestada! Gracias por tus Gor-comentarios, pedazo de Gor! Se agradecen.

  8. 11 Jésus enero 24, 2012 en 5:18 pm

    Y la pregunta que queda en el aire (y que sufrí yo en los atestados trenes indios pugnando contra mis ganas de vomitar)… ¿Luego no oléis todos a chota revenida?

    • 12 pollos2 enero 24, 2012 en 11:52 pm

      Jejejeje, pues te sorprenderá saber que hay más de uno que se le escapan un peo. Y el tren en hora punta por la noche (nada semejante al de por la mañana) huele a alcohol que da gusto. Entras en el vagón y el whiskey y la ginebra te golpean la cara. Lo peor de todo es que me gusta….

  9. 13 Jésus enero 29, 2012 en 1:47 pm

    Mientras no empieces a morrearte con japoneses ebrios solo por el gusto de catar un poco de güisqui gratis la cosa irá bien.


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